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Tag Archives: Nemo

Viven en la misma casa, con su zona noble de parquet encerado y su zona de parquet sin encerar, separadas por las mismas puertas de vaivén (como las de las pelis del oeste). Con la misma biblioteca misteriosa de un padre amado y siempre ausente. Con el mismo gabinetito materno, lleno de frascos destellantes, en el que habita el mundo femenino de su madre y sus hermanas mayores y del que ellas están excluidas. Con el mismo Cuarto de Juegos reconvertido a Cuarto de Estudio, cuando ellas aún no tienen nada que estudiar. Con el mismo Cuarto de la Plancha, donde las mismas Tatas, regañonas y cariñosas, les cuentan cuentos y les dan refugio. Con el mismo Cuarto Oscuro donde los castigos se convierten en huída feliz.

Las dos van al mismo colegio, con las mismas monjas. A escuchar las mismas palabras incomprensibles. A bregar con las mismas niñas crueles. A descubrir que ese tampoco es su sitio.

Patitos feos y solitarios que se refugian en sus mundos de cuentos, los únicos mundos que entienden. Que solo quieren que ellos las dejen en paz.

Niñas-sombra, niñas-raras, niñas-malas. Niñas que llegaron al mundo a destiempo, cuando nadie quería que aparecieran. Niñas que tienen que enfrentarse al mundo de los Gigantes sin saber que el único modo de vencerlos es mirarlos fijamente a los ojos; sin un Beau Geste que venga a defenderlas; sin un plato de sopa caliente esperándolas tras su deambular.

No hay posibilidad de duda: Adriana es Gabriela.

Si en Solo un pie descalzo descubríamos el andersoniano mundo en que habitaba, en Paraíso Inhabitado asistimos al encuentro de esta niña, que también podría llamarse Mary Poppins, porque como ella nunca olvidará su infancia y seguirá habitándola aun cuando ya viva en el mundo de los Gigantes, con Gabriel/Gavrila, que bien podría ser Peter Pan, porque siempre volverá a buscarla por primavera para enseñarla a volar.

Un bello cuento de amor, de ternura, de ausencias, de soledad, de decepceción, de desamor, de perdida.

Porque esta vez Kai no va a volver del Reino de las Nieves.

Porque los Unicornios nunca vuelven.

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Érase una vez una bruja. Sí, sí, de las de escoba (aunque sin verrugas). Era una bruja buena; rara, huraña, un poco triste, pero buena. Y aburrida, muy aburrida. Pero una tarde, hace unos años, cuando iba de vuelta a casa, volando en su escoba, ¡zas!… bueno, el caso es que llevaba la boca abierta y se tragó a una hada diminuta que pasaba por allí.

En un primer momento, la verdad, es que casi no se dió cuenta. Pero aquella hada no podía estarse quieta. Y empezó a desordenarla toda por dentro. La bruja, una vez pasado el desconcierto inicial, estaba encantada de haberse convertido en una hada-bruja. ¡Era divertido! Y el hada lo estaba poniendo todo patas arriba por allá dentro. Aquello prometía, la verdad… Fueron buenos tiempos aquellos…

Pero un día el hada se quedó quieta. La bruja pensó que se había ido. Pero la realidad era otra. El hada seguía allí dentro, dentro de ella. Pero se había muerto. Así, de repente.

Así que se convirtió en una bruja que paseaba en su interior el cadáver de una hada. Y ahí fue cuando todo empezó a ir mal. Porque el hada lo había dejado todo desordenado y la bruja ahora no era capaz de volver al orden anterior y no sabía que hacer con el desorden. Mientras el hada se encargaba, todo era fácil. Pero ahora, todo era complicado. Y además era tedioso, aburrido…

Hace unos meses, sin previo aviso, cogió su escoba y se largó.

No se ha vuelto a saber de ella.

No sé, supongo que no debe ser fácil vivir con un cadáver a cuestas. ¡Y menos, con uno tan desordenado!

When in 2005 Sidney Lumet received a Lifetime Achievement Oscar, many people thought that his career was over. Three years later, the old director has surprised us with one of his best works: Before the Devil Knows You’re Dead, a tragedy disguised as a thriller.

The film stars Philip Seymour Hoffman as Andy and Ethan Hawke in the role of Hank, his brother, both of them with impressive performances. But from my point of view, the best actor in the film is Albert Finney in the supporting role as their father. The script, written by Kelly Masterson, is full of brilliant dialogues.

The plot seems simple: two brothers in need of money decide to rob a small jewellery store. It is going to be a victimless crime: they will not use guns, they will hit early Saturday when there will not be customers, the store’s losses will be covered by insurance and so on. But everything goes wrong and that is when Lumet shows us the worst attributes of human nature and the story becomes devastating.

Finally you do not know if you have watched an american thriller, a play by Shakespeare or a Grecian tragedy, but it is the same. You have enjoyed an absorbing film, in my opinion one of the best in the year.