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Tag Archives: Eugenio Fuentes

-¿Sabe lo que nunca le perdoné?
-No.
-Que fuera tan torpe con los sentimientos. Que para el amor le faltara toda la lucidez y astucia y sabiduría que demostraba en la competición. Tardó mucho tiempo en valorar lo que yo le ofrecía. Y cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Poco después de separarnos intentó reconciliarse conmigo. Quiso que volviéramos a estar juntos al advertir que entre toda la gente que lo rodeaba no tenía a nadie en quien confiar de verdad. Incluso para él, para alguien tan autosuficiente, debió de ser terrible encontrarse de pronto con esa soledad, comprender que no había nadie alrededor de quien pudiera asegurar que no iba a traicionarlo. Pero yo ya no podía perdonarle que hubiera sido tan idiota, y que por tan poco lo hubiera estropeado todo. -No especificó a qué se refería, pero no era necesario-. No me considere una persona vanidosa -continuó-, pero a mis años he aprendido a conocerme y sé bien cuánta felicidad puedo dar, sé lo lejos que llega mi capacidad de ofrecer cariño y ternura, sé lo fácil que a todos les resulta la vida a mi lado. Tobias…, ¡bueno, él se lo perdió! Hace un minuto le dije que, tras la separación, enseguida se arrepintió de haber desdeñado eso tan firme que yo le ofrecía. ¡Qué triste!, ¿verdad? ¡Qué triste que la persona que tanto te ha amado nunca más en tu vida vuelva a decirte esas dos palabras que siempre nos estremecen de felicidad! ¿Usted no las echaría de menos? […] Tobias hizo que nunca más volvieran a salir esas palabras de mi boca. ¡Qué torpe fue! -repitió-. A veces, cuando yo comenzaba a sospechar sus mentiras, cuando veía acercarse la catástrofe, sentía deseos de advertirle: «Si destruyes mi amor, ¿acaso crees que me esforzaré por reconstruirlo? Si me haces daño, ¿de verdad crees que tendrás otra oportunidad?». Tal vez debí alzar la voz y decírselo, pero nunca me decidí y poco a poco nuestra relación fue languideciendo. Los silencios se hicieron cada vez más largos. Ni yo quise enfrentar los problemas, ni Tobias supo evitarlos. Y todo se fue volviendo triste y vulgar y nos hundimos en esa etapa de indiferencia, previa a la ruptura, en la que ya no hay amor, pero tampoco hay rechazo ni desesperación. Tobias pensaba que todo aquello no era motivo suficiente para separarnos, él vivía en su agitado mundo de entrenamientos, competiciones, viajes, éxitos, pero yo no tenía otra cosa a la que dedicarme y veía cómo semana a semana, día a día, iba desapareciendo la inocencia y avanzaba esa cruda apatía desde la cual ya no hay marcha atrás.
-¿Y ahora?
-¿Ahora? -repitió-. No hay nada que tuviera con él que ahora no tenga.

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