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Tag Archives: Biografías

Franco será recordado ante todo por su enérgica dirección del esfuerzo de guerra nacional entre 1936 y 1939 y por la determinación con la que buscó la aniquilación sistemética de sus enemigos de izquierda y, posteriormente, por su ferrea voluntad de supervivencia. Sus rasgos más notables eran la astucia instintiva y la imperturbabilidad, la sangre fría con la que manejaba las rivalidades entre las fuerzas del régimen y la habilidad con que desactivaba los desafíos de quienes (desde Serrano Suñer a don Juan) eran superiores a él en inteligencia e integridad. Los logros alcanzados por Franco no eran los de un gran benefactor nacional sino los de un hábil manipulador del poder que siempre atendió a sus propios intereses. Como escribió Salvador de Madariaga: “El más alto interés de Franco es Franco. El más alto interés de De Gaulle es Francia”.

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Es más que evidente que el doctor Doyle y el doctor Watson se parecen como dos gotas de agua. «Soy un hombre como tantos otros», decía Conan Doyle de sí mismo, y no otro es el papel que desempeña Watson en los relatos de Holmes. La sencillez sin dobleces de Doyle, su integridad, su watsonidad a carta cabal nos proporcionan, al decir de algunos de sus biógrafos, otras tantas claves para entender la historia de su vida.
Aunque Conan Doyle se inspirase en otros modelos de la vida real, como en su propio secretario, el mayor Herbert Wood, no cabe duda de que el personaje del doctor Watson es en gran medida un trasunto del propio Doyle. Para empezar, ambos son médicos, de una edad similar y aficionados a los deportes. Ambos son francos y campechanos. Los dos son conservadores, defensores de la idea de imperio y hombres de acción más que de pensamiento. El doctor Watson comparte no sólo el cariño que Conan Doyle siente por Southsea, sino hasta sus gustos literarios: a los dos les gustan los relatos marineros de William Clark Russell. Al contrario que su amigo, tan reacio al trato social, el doctor Watson (¡escritor, a fin de cuentas!) es un personaje al que le gusta estar en contacto con la gente. Al igual que el doctor Doyle, se casa como Dios manda con una muchacha a la que conoce en uno de los casos en los que interviene. Como ya hemos apuntado, el doctor Watson debía guardar incluso un cierto parecido físico con el doctor Doyle: ambos andaban cerca de los treinta, si bien Watson era unos años mayor que él.

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Ésta es mi vida, un cuadro pintoresco. No como un Van Gogh, con su espesa belleza absurda en un lienzo pequeño; no como un Gauguin, con sus cielos plácidos y sus gentes serenas y su esplendor de bronce; no como un Rembrandt, conservador, modelo y burgomaestre; no como un Miguel Ángel, vasto y religioso, con verdad y fuerza en los brazos. El mío es como un Toulouse-Lautrec, con sus bragas de colores y su desenfreno; como un Degas, con sus incesantes bailarinas, su teatro, sus revistas, su humareda de vodka; como la oscuridad moteada de un pintor surrealista de la pequeña galería de ahora, donde hay que observar atentamente para encentar un significado, donde el color se despliega infinitamente; perdiéndose en un mosaico de diseños demenciales, pinceladas salvajes, caóticas, brochazos ebrios de óleo, espesamente aplicados en los sitios equivocados.
He intentado pintarlo con palabras, puesto que no podía hacerlo por medios plásticos. Pero no importa, aquí estoy, incapaz de entenderme a mí mismo. Sin saber quién soy yo todavía. Todavía buscando mi alma. El muchacho que reía… y que intentó quitarse de enmedio de vez en cuando, y que fracasó incluso en esto, y en otras cosas.
Oh, he visto y hecho no pocas cosas, he estado en no pocos sitios, he despertado no poco mis sentidos, y los he adormecido, y he explorado, y he reído, y he llorado más de lo que sospecharía la mayoría de la gente.