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Las «liceómanas» no se quedaron de brazos cruzados ante los ataques recibidos. Llevaron el caso a los tribunales para defender su club, su rinconcito tranquilo. Victoria Kent y Matilde Huici defendieron al Lyceum de los ataques sufridos. El periodista Luis E. de Aldecoa en su visita al club pregunta a Rosario Lacy, María Martos y Carmen Gallardo si las campañas que algunos elementos alentaron contra el casino contribuyeron a detener su desarrollo. «No. Además fueron injustas. Lo que alarmó a algunas personas que no quisieron tomarse la molestia de enterarse del espíritu de nuestro club, fue el artículo del reglamento que prohibe discusiones de carácter político o religioso. Precisamente esta norma se sigue en los casinos de hombres. Además de que, por estar con nosotras muchas extranjeras, creímos discreto apartarnos de toda lucha de esa naturaleza. Estamos equidistantes de los dos extremismos, aunque individualmente cada una mantenga una tendencia. Precisamente figuran en nuestras listas algunas profesoras de centros católicos.» En el primer congreso de la Asociación Internacional de Clubs Lyceum celebrado en Londres (asociación que comprendía todos los centros femeninos con esa denominación, incluido el de Madrid desde su constitución) se consideró necesaria la inclusión en los estatutos de todos los Lyceum de un artículo que prohibiera a sus miembros la discusión de asuntos políticos y religiosos, a fin de garantizar el respeto a las opiniones y convicciones de cada socia.
El Lyceum era una manifestación de lo que hemos llamado «utopía educativa». Sus miembros eran kantianas sin acaso saberlo. Pensaban que la búsqueda de la justicia era un objetivo en que todas podían coincidir. Se trataba de mejorar la situación de la mujer española y ello debía hacerse mejorando su nivel cultural. La educación tenía que ser el gran motor del cambio.

Dedicado a María de Maeztu, Encarnación Aragoneses (Elena Fortún), Victoria Kent, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, María Lejárraga, Constancia de la Mora, Isabel Oyarzábal, María Teresa León, Carmen de Burgos, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, Maruja Mallo, Carmen Baroja y demás liceómanas.

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One Comment

  1. Dice José A. Marina en este libro que María Lejárraga mandó a Disney un cuento que le rechazaron, y que con el mismo argumentó salió poco después “La dama y el vagabundo”. Increíble. Además de su propio marido, Martínez Sierra,que firmaba sus textos exitosos y libretos de Falla, a Lejárraga se la fueron haciendo por el mundo entero.
    Un gusto encontrar este blog. Saludos


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