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Mineko se volvió hacia él. Sanshiro ya se había levantado, pero volvió a sentarse de nuevo. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo desde lo más profundo: Mineko era demasiado mujer para él. Sintió, también, una vaga sensación de humillación acompañando la conciencia de que aquella chica le había calado.
Aún mirándole, Mineko dijo:
—Niño perdido…
Él no respondió.
—¿Sabes cómo traducir eso al inglés?
La pregunta era demasiado inesperada. Sanshiro no pudo responder ni que sí ni que no.
—¿Te lo digo?
—Por favor
Stray sheep. ¿Entiendes lo que significa?
Sanshiro nunca sabía qué decir en ocasiones como aquella. Solo podía lamentar, cuando el momento había pasado y su mente comenzaba a funcionar con claridad, que había podido decir esto, o lo otro. Tampoco era lo suficientemente superficial como para anticipar sus lamentos y escupir una respuesta improvisada con fingido aplomo. Así que se quedó callado, sintiendo todo el tiempo que hacer eso era como llegar al colmo de la estupidez.
Pensó que entendía lo que significaba aquella expresión; aunque en realidad, quizá no fuera lo que él pensaba que era. Más que las palabras en sí mismas, de todas formas, era lo que en realidad quería decir la joven que las usaba lo que se le escapaba. La miró impotente y no respondió. Ella, por su parte, se puso seria.
—¿Te parezco demasiado atrevida? —Su tono sugería un deseo de justificarse. Él no estaba preparado para aquello. Hasta ese momento ella había estado oculta en una niebla que él había esperado que se aclarara. Sus palabras disiparon la niebla, y ella emergió, claramente, como una mujer. ¡Ojalá nunca hubiera ocurrido!
Sanshiro quería que la actitud de Mineko hacia él volviese a ser la de antes: una actitud llena de significado, ni clara ni embrollada, como el cielo que se extendía ante ellos. Pero se dio cuenta de que no iba a poder lograrlo con unas pocas palabras de adulación.
—Bueno, pues entonces volvamos —dijo ella sin previo aviso. No había ni rastro de resentimiento en su voz. Su tono era comedido, como si se hubiera resignado a no despertar ningún interés en Sanshiro.
El cielo había cambiado súbitamente, y el viento soplaba en la distancia. El amplio campo se tornó oscuro y fríamente desolado. Sanshiro sintió de repente cómo la tierra húmeda le había ido helando el cuerpo sin que él se diera cuenta. A duras penas podía creer que hubiera permanecido sentado allí tanto tiempo. Si hubiera estado solo, haría rato que se habría marchado a otro sitio. Mineko también; aunque puede que Mineko fuera el tipo de muchacha que se quedaría sentada sola durante horas en un sitio como ese sin dudarlo.
—Ha refrescado. Deberíamos levantarnos, por lo menos. Un frío así te puede hacer enfermar. ¿Te encuentras bien ya?
—Sí, estoy bien… —Su respuesta era inequívoca. Se levantó rápido, murmurando o casi entontando para sí misma mientras lo hacía—: Stray sheep, Stray sheep
Sanshiro, por supuesto, no respondió nada.
Mineko señaló entonces en la dirección por la que había venido el hombre del traje, y dijo que le gustaría volver por el mismo camino para comprobar si había alguna calle por la que pudieran salir. Anduvieron hacia la casa del tejado de paja y encontraron un camino por detrás. Habían recorrido la mitad de su longitud cuando Sanshiro le preguntó:
—¿Se irá Yoshiko a vivir contigo?
Sonriendo, Mineko le contestó preguntándole a su vez:
—¿Por qué lo quieres saber?
Antes de que pudiera responder, se toparon con un charco repleto de lodo que ocupaba por lo menos un metro del camino. En medio del charco alguien había colocado una piedra plana para pasar sin mojarse los pies. Sanshiro saltó al otro lado y entonces se volvió para observar a Mineko. Esta posó su pie derecho en la piedra pero esta era inestable. Se balanceó varias veces preparándose para saltar al otro lado. Sanshiro le tendió la mano.
—Toma, apóyate.
—No, estoy bien. —Mineko sonreía. Sanshiro mantuvo la mano extendida hacia ella, pero Mineko permaneció quieta en el mismo lugar. Sanshiro entonces la retiró, y ella cambió todo su peso a su pierna derecha y balanceó su pierna izquierda hacia él. Decidida a no enlodarse los pies, de cualquier modo, saltó con demasiada potencia y perdió el equilibrio. Cayó hacia delante, chocando contra Sanshiro, sus manos aferrándole los brazos.
Stray sheep… —murmuró como para sí. Sanshiro pudo sentir su aliento acariciándole la mejilla.

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