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Abrió la puerta del pasaje y salió a la calle. La chica le siguió. Avanzaron calle arriba sin hablar ni mirarse el uno al otro. Él apresuró el paso, situándose un poco por delante, y la joven no intentó siquiera colocarse a su nivel. Así continuaron y sin darse cuenta, él le tomó una buena delantera, porque andaba cada vez más de prisa con ganas de llegar a su casa y meterse en la cama.
De pronto, tuvo la sensación de estar solo. Había alcanzado un cruce y se volvió para esperar a la muchacha. Miró a su alrededor pero ella no se veía por ningún sitio. ¿Dónde se habría metido? La respuesta le vino desde bastante lejos, calle abajo, allí donde su taconeo se iba perdiendo en otra dirección.
Por un momento pensó en seguirla. «No me darían sobresaliente por buenos modales», se dijo dando unos pasos en aquella dirección. Pero en seguida se detuvo, movió la cabeza y pensó: «Mejor que lo dejes. Aléjate de ella».
«Pero, ¿por qué?», se preguntó otra vez al observar que de improviso aquella cosa extraña le estaba ocurriendo de nuevo. «No es posible, no puede ser que sólo con pensar en que puede tocarme la cosa empiece de nuevo. Durante meses ha estado trabajando en el Hut; la has visto cada noche y para ti sólo ha sido un elemento más del conjunto. En cambio, ahora sin más ni más, me viene ese problema.
»Aunque, ¿por qué ha de ser un problema? Piénsalo bien; no puede haber problemas; no estás preparado para enfrentarte a ellos. Ni para nada en realidad. Tu sólo puedes soportar lo sencillo; cosas sin importancia que no requieren esfuerzo; cosas suaves que te hagan sonreír y tomártelas a la ligera. Así viene pasando desde hace mucho tiempo y ha funcionado bien; ha funcionado perfectamente. Sigue mi consejo y continúa igual.
»Ella ha dicho que vivía en Kenworth Street. Valdría la pena averiguar algo, aunque no sea más que para saber que ha llegado a su casa sana y salva. Porque, a lo mejor, los dos fulanos han cambiado de idea y no dan el asunto por terminado. Podrían decidir echar otra mirada por los alrededores. Y como la hayan visto sola…
»Bien, deja de pensar en eso. Tienes que concentrarte en otras cosas. ¿En qué cosas? Pues, por ejemplo, en el actor Osear Levant. ¿De veras tiene talento? Sí; sí lo tiene. ¿Y Art Tatum? También tiene mucho talento. ¿Y qué decir de Walter Geiseking? Bueno, la verdad es que nunca le has oído tocar en persona, de modo que no puedes opinar demasiado bien. Otra cosa que no sabes es el número de la casa de la calle Kenworth. Ni siquiera el número del bloque de viviendas. ¿Quizá lo mencionó? No puedo acordarme.
»¡Oh, cielos, ya está bien! Vete a casa y métete en la cama.»

******

Siguieron subiendo. Ella encendía más fósforos rascándolos contra los bordes de la escalera. En la oscuridad, Eddie miró hacia arriba y pudo ver la rejilla. Parecía todavía muy lejana.
Cuando estaban a mitad de camino, a Eddie le falló un pie y estuvo a punto de pasarle lo mismo con el otro. Se aferró a su salvadora como pudo, y logró recuperar el equilibrio. En seguida continuaron subiendo.
Aunque ahora, más que subir, parecía como si él empujara a la chica hacia abajo. «Eso es lo que pasa —se dijo—. La empujas hacia abajo, como un peso enorme pendiente de su espalda. Y esto es sólo el principio. Cuanto más tiempo transcurra peor va a ser. Lo ves venir. Ella terminará atrapada y considerada como cómplice. Luego la acusarán de haber robado un coche. ¿Cuánto le va a caer? Seguro que como mínimo tres años. Acaso cinco. ¡Vaya futuro brillante para la señorita! Pero quizá tú puedas evitarlo antes de que suceda. Tal vez puedas sacarla de este lío y situarla otra vez en el buen camino.
»Ahora bien, ¿cómo hacerlo?
»No puedes discutir con ella, porque te obligará a callar. Está clarísimo que no puedes discutir con esa joven. Es una cabezota. En cuanto se le mete algo en la mollera, no hay quien se lo quite.
»¿Por qué no te apartas de ella? Podrías soltarte y caer. El ruido atraería a los agentes. ¿Lograría salir ella antes de que acudieran? Sabes perfectamente que no. Se quedaría contigo hasta el fin. Está hecha de esa clase de material; un material con el que se tropieza pocas veces. Quizá tan sólo una en toda la vida. O mejor, dos. Nunca olvidarás la primera. Jamás podrás olvidarla. Lo que está ocurriendo ahora es una repetición de aquello, excepto en una cosa: que no se trata de un recuerdo sino de algo vivo; de algo vivo que está aquí, apretándose contra ti y a lo que tú te agarras fuertemente. ¿Serías capaz de soltarte?»

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