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En Encadenados, ese retrato cumbre de la tensión, la manipulación del sentimiento amoroso, de personajes atractivos con actitud abominable, malvados a los que traicionan e inspiran piedad, Hitchcock tiene la osadía de presentarnos a Cary Grant como un cazanazis y defensor de la libertad que no duda en utilizar como cebo el amor que siente hacia él una mujer con complejo de culpa para que ésta se case con un hombre al que no quiere y acepte la condición de víctima, para que ésta siga el perverso juego aunque sienta en su cuerpo y en su alma que la están envenenando. El romanticismo de esta obra maestra es tortuoso, no tienes claro quiénes son las víctimas ni los verdugos, todo es perturbador y complejo, aunque conozcas el desenlace te sigue poniendo de los nervios que se acabe el champán de la bodega y el cornudo enamorado descubra que su mujer le espía y va a buscarle la ruina.

Carlos Boyero

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